sábado, 8 de septiembre de 2012

TRABAJO PRÁCTICO N° 5


DEVOLUCIONES 
Juan Manuel: MB. Evitar que se escuche muy leído el guión (inclusive el entrevistado). Faltó redundancia a la hora de presentar al invitado. MB edición y artísticas. Es un programa o un microprograma??? No hay claridad! Faltó cierre con artística. Decae un poco al final.
 Vanina/Erika: MB la dramática y la edición. Le faltó fuerza a la locución y al guión siguiente. Muy leído el resto. Desentona con la dramatización. MB entrevista. Cierre abrupto!!!! MB
Pablo Festa. NO cumplió el objetivo de subir como podcast . ERROR: DEBE CONVERTIR EL TP A .mp3,  sino no podrá subir el trabajo a ivoox, es lo que requiere el soporte.
Carla/Florencia: enviaron guión además del audio: MB. Bien el trabajo con los efectos, a  lo mejor un tanto abrupto el inicio pero vale la experimentación. Falta fuerza en la locución. Bien entrevistado. Cierre abrupto.
Cecilia/Laura: Buena edición y ritmo. Problemas de volumen en la locución (cortina alta). MB entrevistas. ¿Es claro el
guión: se tradujo lo que es lo digital? Faltó màs fuerza a la hora de cerrar: abrupto.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Radio y Post- Radio en España: Una cohabitación necesaria y posible.


Para leer el artículo hacer click aquí  

LA RADIO HA MUERTO, ¡Viva la Radio!






‘La radio ha muerto, ¡viva la radio!’ es un documental interactivo que acompaña al usuario en la aventura de descubrir el actual panorama de la radio en internet, los retos a los que se enfrenta y hacia dónde va el futuro del medio.
Con la participación de las cinco principales cadenas de alcance nacional (Cadena SER, Onda Cero, Radio Nacional, COPE y ABC Punto Radio), varias autonómicas y todo un elenco de expertos en la materia, se analizarán aspectos como la integración de redacciones, la relación con otros medios del mismo grupo, los contenidos de la web, la rentabilidad, el uso de las redes sociales o el streaming de los programas de radio.


La radio atraviesa un momento crucial de su historia con la adopción de las nuevas tecnologías y el salto a internet, al que llega con cierto retraso respecto a la palabra escrita. Se enfrenta a una redefinición de sus rutinas productivas, de sus estructuras profesionales y su modelo de negocio. Una transformación que cada emisora está afrontando de la mejor manera posible, sorteando a duras penas las dificultades añadidas que plantea el adverso escenario económico que nos ha tocado vivir.

Como es propio de los momentos de incertidumbre, en el sector se escuchan opiniones diversas, incluso contradictorias, sobre los derroteros que ha de tomar la radio en un panorama eminentemente audiovisual donde su histórica hegemonía sobre la inmediatez se ve amenazada por el caudal constante de las redes sociales. Los hay que anuncian a bombo y platillo la muerte de la antena, de la tradicional radio de magazín de cuatro horas y boletín informativo a las en punto.
Pero las cifras contradicen a los más agoreros. Las ondas siguen cautivando oyentes, los datos de audiencia crecen con cada oleada del EGM y la publicidad, a diferencia de lo que sucede en el papel, resiste como don Tancredo mientras los anunciantes huyen de las embestidas del toro de la crisis. ¿Pero qué pasa con la radio en internet?
Que el abanico de posibilidades abiertas es enorme, como también lo son los retos que debe afrontar aquel que se decide a aprovecharlas. ¿La web de la radio es exclusivamente una plataforma de audio? ¿Cómo la rentabilizamos? ¿Qué diferencia hay entre un podcast y la programación convencional? ¿Qué papel juegan las redes sociales en todo esto? ¿Tienen algún sentido la radio ‘que se ve’? ¿Cuál debe ser la relación con el resto de medios de un grupo?
A todos estas y muchas otras preguntas intenta dar respuesta ‘La radio ha muerto, ¡viva la radio!’, que como la cita de Nietzsche a la que alude mira la realidad con una mezcla de desasosiego nihilista y esperanza en el cambio. Los ‘bits’ no van a matar a la radio, pero sí obligan a redefinir nuestra idea de antena y avanzar hacia un medio del futuro que vuelva a ganarse las salvas de aprobación de sus oyentes.

martes, 21 de agosto de 2012

Cronograma de actividades para este cuatrimestre

*Los días 17 y 24 de agosto se van a llevar adelante las clases correspondientes a a Unidad Nº 5 "La Radio en la era digital".

* Viernes 31 de agosto de 14:30 a 16:30 hs y Martes 04 de septiembre de 17:30 a 19 hs reuniones para la organización y definición del proyecto del programa que se realizará en este cuatrimestre.

* 07 de septiembre último día para enviar el trabajo correspondiente a la Unidad Nº 5 "Ciberradio". 
Consignas:
* Realizar un informe de entre 4 a 7 minutos (máx) sobre "Radio digital", "La Radio en Internet", o "Nuevas Tecnologías en Radio".
*El informe se puede realizar de manera individual o entre más personas.
*Se debe subir el trabajo a un servidor seleccionado por ustedes.(ivoox- goear- o algún otro seleccionado) 
*Enviar el link del trabajo a vlongo@unsl.edu.ar o juligonzalez_01@hotmail.com  

Buen inicio de semana..La Cátedra. 

El partido de los medios


Por Luis Bruschtein
Escuchar la radio o leer el diario antes de salir a trabajar es casi un acto instintivo de buscar información. En un manual se diría que los seres humanos necesitan alimentarse y sobrevivir, antes era salir a cazar con la tribu y ahora tener un trabajo. Y para poder hacerlo necesitan conocimiento e información. Ambas constituyen necesidades básicas de las personas y de los pueblos.
Se asume que la educación –que proporciona el conocimiento– puede estar mayoritariamente en manos del Estado. Pero con la información –que se difunde y genera a través de los medios– se considera en cambio que no debe ser así, lo cual tiene sentido aunque dicho de esa manera no se vea la diferencia con la educación. En ambos casos está latente el peligro de la manipulación tanto por parte del Estado como de los privados. La diferencia es que la educación en el caso del Estado es más fácil de controlar, que la privada, por parte de la comunidad.
En contrapartida tiene una lógica que el Estado no monopolice la información o no maneje la mayoría de los medios porque parte de la información tiene que ver con las actividades del mismo Estado. Se considera que, en ese caso, los medios tendrían todos un mismo perfil. Se asume entonces que es mejor que los medios estén fuera del Estado, aunque tengan una función comunitaria ya que la información es una necesidad básica. O sea que los medios privados y públicos tienen que ser herramientas para satisfacer esa necesidad básica que es el derecho de los pueblos a ser informados. La libertad de prensa se deduce de ese derecho.
En el mundo se han ensayado distintas formas de organizar el sistema de medios. En el caso de Europa, se acepta que los medios no están aislados de la sociedad y que tienen una visión política. Entonces hay medios de izquierda, centroizquierda, centro, centroderecha y derecha. Sucede así en la mayoría de los países europeos, donde la diversidad está más en la presencia de medios con distintas miradas, que en el seno de las redacciones.
Otro sistema se ejecuta en los Estados Unidos. Se parte de concebir a la información como neutral. A pesar de las grandes empresas sobre las que están sustentados y el complejo sistema de interrelacionamientos económicos y políticos que tienen, los medios más importantes, con algunos matices, se califican a sí mismos de independientes y elaboraron máximas estrictas de procedimiento para preservar esa supuesta calidad neutral de la información y de los medios.
En Estados Unidos, los antagonismos sociales y políticos están suavizados por asentarse en una economía de gran potencia. Es un país en guerra exterior permanente, hegemonizado por dos partidos que se diferencian apenas por matices, manejado por un sistema de lobbies que incluso está reglamentado y donde la cultura dominante ha naturalizado el desprecio y la demonización de cualquier posición de izquierda. En ese esquema, donde todo es cuestión nada más que de matices y la controversia real es muy minoritaria, es lógico que los medios también se diferencien muy poco. Y esa amplia coincidencia de enfoque genera la falsa idea de una verdad mediática neutral y objetiva.
El sistema de medios en Argentina es explicado ahora copiando el bagaje ideológico del sistema norteamericano. Con la diferencia de que aquí los antagonismos no están suavizados, hay profundas brechas entre ricos y pobres, es un país que tiene disputas políticas fuertes y donde las grandes empresas, la Iglesia, los gobiernos norteamericanos y organismos financieros internacionales han intervenido históricamente con total impunidad en las decisiones de los gobiernos, en la designación de funcionarios y ministros y en el impulso de medidas. Por más que se insista en la neutralidad de la información, las únicas miradas mediáticas comunes sobre la realidad –que siempre son falsas–, aquí no se construyeron ni siquiera sobre la base de esa falta de antagonismo y de guerras externas, sino sobre la base de coincidencias corporativas impuestas a la sociedad, como sucedió tan claramente durante la era de los golpes militares. El lenguaje común de esos medios supuestamente independientes se construyó sobre la base de un funcionamiento corporativo asentado en sus intereses económicos como grandes empresas y en el de sus principales avisadores, también grandes empresas.
Cada quien puede difundir lo que le parezca, esa es la idea de la libertad de prensa, pero pretender que toda la sociedad acepte esa información como neutral y absoluta es hipócrita. En ese sentido es mucho más democrático el modelo europeo que no intenta poner el eje en la neutralidad y que blanquea los diferentes abordajes que se pueden hacer de la realidad.
Y otra de las grandes hipocresías que se ha puesto de moda sobre todo en carreras de comunicación en universidades privadas es presentar el ejercicio del periodismo como una profesión liberal, donde los periodistas tienen libertad de prensa y pueden escribir de lo que se les ocurra, incluso si va en contra de sus avisadores y de las empresas que los contratan.
En América latina en general, la pauta privada de publicidad es muy reaccionaria. Un empresario puede expresarse como progresista, pero le gusta poner avisos en los medios más conservadores. El discurso de la neutralidad dice que el aviso va al medio que tenga más circulación sin importar su línea editorial. Es fácilmente demostrable que no es así: entre dos medios con circulación parecida, la pauta siempre derivará al que sea más conservador. Es decir que la empresa dueña del medio ya está condicionada por los avisadores. A su vez como gran empresa, tiene sus propios intereses y proyecciones políticas.
El periodista tiene que buscar trabajo en ese escenario lleno de fenomenales condicionamientos económicos y políticos. No hay nada menos liberal o independiente. Por supuesto que se generan brechas y contradicciones por donde los periodistas pueden colar sus ideas y hay periodistas –muy pocos– que han ganado espacio por su propio peso, pero en general esas brechas se cierran cuando el conflicto, sea político, social o económico se agudiza en la sociedad. La mayoría de los periodistas famosos lo sabe, pero prefiere la comedia del periodismo independiente porque les facilita su trabajo. Ir contra la corriente es muy difícil: implica menos salario, menos infraestructura, más inseguridad laboral. Hasta no hace mucho era casi imposible llegar a la televisión. Y eso, en el mejor de los casos y siempre y cuando se puedan generar esos espacios.
Ese discurso de los grandes medios se impone desde esa hipocresía y trata de ocultar la carga ideológica de sus planteos detrás de una supuesta independencia y neutralidad. Para los periodistas que se autoproducen todavía es más difícil trabajar y hacer negocio sin plegarse a ese discurso. Tienen pocas alternativas porque ese discurso, además de garantizar publicidad y espónsores, abre las puertas de la academia y asegura el beneplácito de los que forman ese sistema.
La propuesta de Cristina Kirchner para elaborar una especie de manual de ética profesional de los periodistas tendría sentido en un sistema menos hipócrita. Institucionalizar la situación actual del sistema de medios sería como apuntalarlo y el famoso tribunal de ética terminaría siendo aplicado no a quienes hacen lo-bbies encubiertos o reciben sobres por debajo de la mesa, que es una costumbre más común de lo que se quiere admitir, sino a los periodistas que traten de ejercer la profesión por fuera de los criterios mentirosos de ese sistema.
La aplicación de la ley de medios apunta a transformar en forma progresiva esa realidad. Chocará contra esa pauta de publicidad tan reaccionaria, típica de país periférico, lo que hará difícil la sustentabilidad de los nuevos medios que puedan surgir. Podría decirse que la formidable tensión de las contradicciones que generó el debate por esa ley en el ambiente mediático puso muy en evidencia la fragilidad del discurso de la neutralidad y la independencia. El público tiene derecho a saber qué piensa el medio y los periodistas que le ofrecen la información. No se trata del fútbol, donde los periodistas siempre ocultan el club del que son hinchas.

viernes, 17 de agosto de 2012

Para no (a)pagar la radio

En Argentina no se ha iniciado aún el proceso de digitalización de las señales de radio, proceso que ya comenzó en otras partes del mundo. Por eso es importante conocer qué es lo que está en juego y qué se debate a nivel mundial. Damián Loreti estuvo en Bruselas participando de un foro sobre el tema en la sede del Parlamento Europeo y aquí expone las principales aristas de la cuestión.

 Por Damián Loreti *
Desde Bruselas
El 8 y 9 de mayo se realizó en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas una audiencia pública bajo el título “Radios comunitarias, diversidad cultural e inclusión social en el espectro de frecuencias ante el apagón analógico”, convocada por el grupo parlamentario conjunto de la Izquierda Europea Unificada y la Izquierda Verde Nórdica.
Algunas aclaraciones previas. Así como lo hemos empezado a ver en Argentina con la televisión, en otros lugares (Estados Unidos y algunos países de Europa Occidental) ya han tomado decisiones para comenzar los procesos de digitalización de la radio. Como suele ocurrir, las tensiones en torno de la elección de normas técnicas encierran intereses económicos de las empresas prestadoras. Y esto trae aparejados efectos sociales y culturales vinculados con la concentración de poder.
En este punto, al igual que ocurrió con la televisión digital, el enfrentamiento se da entre las normas de EE.UU. y Europa. Aunque existen varios estándares para la transmisión digital de señales de radio, en nuestra región –en lo que hace a decisiones ya tomadas– hasta ahora se viene manejando sólo uno: el IBOC. Creado e impulsado por la industria norteamericana, ofrece cero riesgo a los empresarios que ya cuentan con licencias de radio, en tanto funciona con el mismo canal que hasta ahora vienen utilizando para afrontar la transición, brindando una mejor calidad de la señal (muy notoria en AM y algo menos en FM) y nuevos servicios asociados.
El IBOC permite que mientras la población va reemplazando los receptores analógicos por digitales, los propietarios de las radios no pierdan audiencia ni deban afrontar un cambio de frecuencia que implicaría posicionar la nueva “marca”, ya que en el mismo número de frecuencia por el que hoy se recibe cada emisora podrán transmitir en analógico y en digital.
Una opción competitiva frente al IBOC es el europeo DAB (Digital Audio Broadcasting), antes llamado Eureka-1475, que implica la utilización de una nueva banda del espectro (VHF o L) para la radio digital. Al llegar el apagón analógico, todo el espectro actual de FM se pasaría a la nueva banda y la anterior quedaría libre para otros servicios, lo cual, como veremos, no es necesariamente bueno.
Otros estándares en desarrollo son el DRM (Digital Radio Mondiale), previsto para frecuencias inferiores a tres megaciclos (onda media, larga y corta), y el coreano DMB (Digital Multimedia Broadcasting), con el mismo mecanismo de trasmisión que el DAB y algunas diferencias respecto de las señales multimedia. Para todos ellos ya hay versiones (+) (plus).

En alerta

¿Para qué toda esta explicación? Para ir alertando sobre algunas cuestiones. En primer lugar, la IBOC es una norma tributaria. Es decir, implica el pago de licencias a los titulares de las tecnologías. Por otra parte, la idea de salirse de la banda de FM como ocurriría al optar por una norma europea implicaría el cambio total del parque de aparatos receptores y la eventual aparición de una figura que ya se conoce en la televisión digital en otros países y afortunadamente aún no entre nosotros: el operador de red. Algo así como un concesionario de la frecuencia o banda por la que se transmite, que la alquila a terceros.
Cuando se fijó el criterio de torre única y transmisor público para la TV digital en Argentina, algunos (por zoncera, por negocios o por desconocimiento) dijeron que la televisión se monopolizaba. Pues bien, cuando esa administración se delega en un privado, éste lo alquila y para entrar hay que pagar. Esta situación podría traer como consecuencia el tener que pedirle a los televidentes/oyentes que paguen para ver Televisión Digital Terrestre HD o escuchar radio digital codificada, tal como hoy se paga para el cable. Y esto es lo que no debería ocurrir como regla.
El relato de los representantes de los medios comunitarios europeos nucleados en la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc), durante el encuentro de Bruselas, mostró notorias asimetrías en el contexto continental europeo y un profundo desinterés de la mayoría de los gobiernos sobre cómo prevenir y evitar la ampliación de la brecha social que traen las tecnologías digitales cuando son impuestas desde el mercado. En muchos países, los vacíos normativos conviven con las declaraciones de ilegalidad a las emisoras –España, Hungría, República Checa–, en otros se verifican situaciones de mayor respaldo estatal –Irlanda, Francia– y perspectivas de crecimiento tecnológico conjunto. Pero lo visto hasta ahora demuestra que las tecnologías de digitalización en la radio están pensadas para las empresas de medios más poderosas, mientras que aquellas que tienen menor capacidad económica –incluidas las comunitarias– no encuentran modo de subirse a la ola, porque nadie les facilitará gratis (o al precio que un medio no comercial puede afrontar) el acceso al multiplexado.
Podríamos adelantarnos a decir que las tecnologías de Internet permitirán reemplazar a la radio y que tiene mucho más espacio. Malas noticias: Internet no es gratis y no garantiza anonimato en los gustos y tendencias. La radio sí lo es para el oyente que escucha lo que quiere y nadie lo detecta. Ello significa que así como la ley de protección de datos personales no es necesaria para los oyentes de radio, sí lo es para los usuarios de Internet porque se detecta el tráfico de datos y el gran hermano prestador del servicio sabe qué vemos y cuándo. En la primera, la comunicación es amplia y de acceso abierto, la segunda se basa en el streaming individual y, además, se paga.

Sentido de las políticas públicas

El problema no son sólo los medios comunitarios en sí, sino que ellos y sus oyentes son el espejo en el cual mirarse porque es donde más rápida y claramente se nota la inclinación del tobogán que la mayoría de los Estados les ofrece por la incomprensión y el silencio. Los modelos y las tecnologías no son inocuos ni neutros. En Canadá, la TV digital no llega a las ciudades que no alcanzan un mínimo determinado de habitantes porque el Estado no asume más que el funcionamiento de la cadena pública. Ello implica que entre el 10 y el 15 por ciento de la población seguirá en analógico. Volviendo a la radio, en Brasil, por impulso y presión de una coalición de sectores sociales, se inició una etapa de prueba en una norma técnica distinta a la norteamericana por los graves efectos que generaba. En México se impuso la IBOC con un breve aviso previo y sin proceso de consulta.
En 2007 los Relatores de libertad de expresión de ONU, OEA, OSCE y la Comisión Africana plantearon que “los diferentes tipos de medios de comunicación –comerciales, de servicio público y comunitarios– deben ser capaces de operar en, y tener acceso equitativo a todas las plataformas de transmisión disponibles. Las medidas específicas para promover la diversidad pueden incluir el reservar frecuencias adecuadas para diferentes tipos de medio (...) En la planificación de la transición de la radiodifusión análoga a la digital se debe considerar el impacto que tiene en el acceso a los medios de comunicación y en los diferentes tipos de medios. Esto requiere un plan claro para el cambio que promueva, en lugar de limitar, los medios públicos. Se deben adoptar medidas para asegurar que el costo de la transición digital no limite la capacidad de los medios comunitarios para operar”.
Cuando en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual 26.522 se consignó que el objetivo de la regulación era garantizar el derecho a la comunicación de las personas, se estableció un paradigma opuesto al de la actividad comercial como razón de ser de la comunicación. De allí la reserva de frecuencias prevista en el artículo 77.
Este mandato normativo ordena el sentido de las políticas públicas y los planes posteriores deben ir de la mano con lo dicho. Se trata, como en tantos otros ámbitos, de expandir derechos e integrar y no de pagar por ver la tribuna. Todavía no hemos empezado aquí el proceso de digitalización de las señales de radio y nada indica que tengamos que desconfiar ni apurarnos, pero es bueno conocer de qué van las cosas.
Porque habrá siempre quienes quieran que (a)paguemos la radio.
* Profesor de Derecho a la Información de la UBA. Fue invitado a participar por los convocantes como consejero legal de Amarc Internacional.